Preguntarse si es cierto que a los pibes no les importa nada es sólo el comienzo. ¿Qué es lo que algunos "grandes" creen que a los "chicos" no les importa?
La realidad de los adultos, la de los noticieros, no aparece como una tentación para los adolescentes. "Nuestra mirada desafina un poco" nos advierte Marcelo Zanelli. "Descreídos de cualquier forma de autoridad, los jóvenes la impugnan a partir de no darle reconocimiento", aporta Lila Luchessi. "El problema no está en los chicos, sino en nosotros, en qué les damos", se suma Pablo Pino, cantante de Cielo Razzo. Caben entonces algunas preguntas: ¿De qué pibes hablamos los adultos, de ese imaginario perdido que nos representamos una vez que crecimos? ¿A quién no le importa, quién no escucha nada de quién?
Uno
Antes era más sencillo, las certezas y las verdades venían casi pegadas y para referirnos a la realidad lo hacíamos sin comillas. Desde el momento en que descubrimos que las comillas no eran una decisión personal, sino algo que se nos imponía, empezamos a hablar de otra cosa. Algo más informe, menos aprehensible, menos tajante. La palabra realidad entre comillas nos está señalando algo, un algo que no es un simple detalle, ya que requiere y apela a una cautela y por qué no, también, a cierta destreza para esquivar el lugar del prejuicio, del puro fascismo.
A esta altura del debate cada vez resulta más complejo decir algo que ya no se haya dicho de una y mil maneras y así como se renuevan las miradas críticas de las que podrían surgir ideas transformadoras, también el bombardeo de soluciones extremas, casi “a-históricas”, prisioneras de la nostalgia de un tiempo idealizado (o más cómodo) hacen su aparición, casi siempre en los medios, como un contrapeso feroz por el que no podemos dejarnos arrastrar.
Ya alguna vez el avión había acortado la distancia y el tiempo, más tarde otros siguieron pensando en cómo acortar más y más la distancia y un día, el tiempo y el espacio, que eran unas coordenadas muy ventajosas para, por lo menos, ir por partes, se hicieron trizas, estallaron. Mientras tanto habíamos leído y escuchado por la radio que en algún lugar unos hombres enviaron un perro o un mono a la luna y después la televisión nos mostró la tierra desde el cielo. Las cosas empezaban a cambiar a una velocidad para la que no estábamos preparados y lo que cambió fue la realidad y los modos de ver y estar en ella se nos volvieron turbios.
Y ahí llegan estos nuevos jóvenes, socializados en un mundo que nada tiene que ver con el nuestro, con nuestros tiempos, nuestros espacios, nuestras secuencias. Nada de lo que hacen hoy los jóvenes parece estar en esa nota y nuestra mirada desafina un poco y como no entendemos, apelamos a respuestas viejas para responder unas preguntas que antes no estaban y de ahí al prejuicio se viaja en caída libre. Decir que a los jóvenes no les interesa nada, es lo mismo que decir todo lo contrario. Proteger y brindar refugio a los que llegan fue algo que se logró después de siglos y duró poco. No es sencillo vivir en la incertidumbre, rodeado de desconocidos de los que nos “enseñan” a desconfiar y los jóvenes en estos contextos plagados de soluciones extremas, corren peligro.
Cuando se habla de los jóvenes de hoy, supongo que los están contraponiendo a los jóvenes de antes, pero antes es largo, hay mucho tiempo en la palabra antes. Antes cuándo, porque este presente no es intercambiable con cualquier antes.
Aunque parezca redundante tenemos que insistir en que los jóvenes no son todos iguales, aunque haya cosas que sí comparten, la fragmentación del mundo en el que viven, el individualismo, la flexibilidad de todo, vivan en un lugar o en otro: el consumo ontológico.
Sin embargo, no parece que a los jóvenes no les interese nada, o que no tengan valores, por ejemplo, parecería que tienen los necesarios, los que usan y con eso tienen sus amigos, sus relaciones, sus dilemas y sus intereses. El mundo en el que construyó su imaginario y se socializó es radicalmente otro. Es decir, el adolescente, el joven, cuando ve el mundo, ve otra cosa de la que vimos y vemos nosotros.
En relación a la escuela, no sé si a la educación, suelen escucharse comentarios acerca de materias cuyos profesores son relativamente exitosos y en esos casos, lo que siempre se señala y aparece, es algo referido al orden de la pasión, a las ganas que pone, a lo mucho que le gusta enseñar lo que enseña. Los jóvenes respetan a quien los respeta y una de las formas del respeto es apasionarse por lo que uno hace, por lo que uno está haciendo; los jóvenes advierten eso y es por eso que se acercan al adulto, al profesor, y más tarde o más temprano, comparten cosas más personales. Los jóvenes también lo señalan y el respeto que tanto se nombra, se menciona y se extraña, como si tener que pararse por obligación hubiera significado siempre una muestra de respeto y no de sometimiento obligatorio, suele ser uno de los contenidos de la queja y suele estar en la lista de valores perdidos.
La distancia entre jóvenes y adultos no parece sostenerse solo en la diferencia de edades o generaciones, no podemos perder de vista que el joven que está delante de nosotros creó su realidad atravesado por las nuevas tecnologías, la fragmentación, la inseguridad, la competencia loca y el consumo individual de bienes de feria de plástico, y si la velocidad de sus dedos para operar el joystic es más vertiginosa que su capacidad de habla o de redacción, esta es una marca que anuncia una forma de representar y de entender el mundo distinta de la nuestra.
Dos
...Y también tienen participación política, en un sentido muy amplio, claro, menos atado a los parámetros conocidos, sin duda no con las características que tuvo ese tipo de participación en otras décadas anteriores. Pero esos espacios de participación a los que se adscribía casi con la totalidad de nuestras vidas, llámese club, escuela, colegio, trabajo, partido, etc. estaban ahí esperando y ya no están más, del mismo modo que otras cosas nos esperaban y ciertas trayectorias estaban más o menos preadjudicadas. Rebelarse contra ese “destino” era cosa de la política y el arte. Hoy la vida cotidiana tiene mucho de silencio, de soledad, de desamparo, pero los jóvenes, seguramente no todos, se juntan, como pueden, donde pueden, sin espacios claros ni precisos. Educar es también promover y facilitar que esos espacios existan, lugares donde mezclarse con otros sea posible, donde se puedan adquirir las habilidades para vivir con otros.
Hace años que desde diferentes ámbitos se vienen pensando estrategias para incluir a los que se están cayendo del mapa, proyectos y programas que intentan hacer de esta sociedad un lugar más amable, menos hostil. Algunos piensan que esto no es posible y quieren convencernos desde algunos foros que las soluciones pasan por controlar, encerrar, castigar. No es con la mano dura con lo que puede revertirse un proceso de deterioro que no apareció por arte de magia, que se veía venir, que nos pasó por encima. No digo nada nuevo cuando menciono la forma de injusticia absoluta en que se distribuye la riqueza, por ejemplo. Ese es un tema que a muchos jóvenes les interesa y les preocupa, aunque no lo mencionen en esos términos, pero no son tontos, se dan cuenta de que algo falla, por otro lado, estar atontado no es solo patrimonio de los jóvenes.
Tres
Voy a insistir con una cosa: la lucha por diferenciarnos unos de otros, por no ser iguales, por pertenecer a un lugar y no a otro, por construir a partir de las diferencias; la lucha por la conquista de libertades individuales, que incluyeron las drogas, los viajes, el sexo, parece tener este techo que nos queda bajito y por otro lado, muchas de esas conquistas, hay que aclararlo, no se generalizaron socialmente.
Cuatro
Es probable que el reconocimiento de las condiciones actuales de nuestra sociedad sea un primer paso para mirar y pensar críticamente cómo movernos en esta incertidumbre empobrecida y brutal a la que cada día se incorporan los nuevos, un paso necesario para pensar en la dirección de nuevas prácticas en el trabajo con jóvenes.
Marcelo Zanelli. Es Licenciado en Psicología en la UBA. Trabaja en la Dirección Nacional de Gestión Curricular y Formación Docente, del Ministerio de Educación, Ciencia y Tecnología de la Nación, en el Área de mejora a la enseñanza en EGB3 y Educación Polimodal, en el marco del Proyecto Centros de Actividades Juveniles. Desarrolla también actividades como capacitador en proyectos de capacitación como “Escuela Itinerante” y “Cine y Formación” en temas relacionados con jóvenes. Ha realizado musicalizaciones para películas y trabajado en cine independiente.

