La dictadura no cambió estructuras culturales y la democracia sólo puso parches

Tema de Tapa.

Por Noé Jitrik.

Las estructuras culturales tradicionales argentinas tienen una lenta concreción. Empiezan con los planes sarmientinos y el roquismo, y se van estructurando en el siglo 20 gracias a subproductos como el aporte de la inmigración, el populismo irigoyenista, la Reforma Universitaria y la aparición de las vanguardias en literatura, música o arquitectura. Pero estas apariciones matizan el esquema cultural concebido en las décadas anteriores y ése es el esquema que perdura en sus matrices (la universidad, la radiofusión, la literatura o el cine). Tiempo después, lo que el peronismo intenta es hacer entrar algunos elementos de su concepción cultural.

En ese marco, la dictadura no tocó las estructuras culturales sino que intentó llenarlo de otros contenidos: Dios, Patria, Hogar. En su concepción, la ciencia no debía ser antagónica con ciertos principios universales, y la matemática pitagórica se anteponía a la matemática moderna. Esta es una buena parábola de lo que hizo la dictadura, en el sentido de no modificar ni negar una matriz como la enseñanza matemática, sino que lo que fue alterado es el contenido.

La dictadura argentina no creó matrices como lo hizo el nazismo, que generó estructuras y doctrina propias. En democracia, esas matrices estructurales de la cultura argentina recuperaron un poco el aliento y se reanimaron —literatura, radio, TV, cine—, pero siguen siendo las mismas. Una política cultural debería adecuar sus estructuras para una sociedad que ha cambiado, además de proponer valores, como lo hizo André Malraux como ministro de Charles Degaulle en Francia, cuando intentó generar un consumo cultural, museificando algunos lugares emblemáticos y acercando la gente a esos sitios, quitándole en definitiva a los museos su inercia.

Con una cierta concepción del hombre y la sociedad, se puede modificar gradualmente las matrices. En democracia, lo que se hizo fue actuar por parches. En ese sentido, la creación de la Facultad Libre de Venado Tuerto fue un parche importante, porque es lo que debería hacer la universidad estatal. Pero claro que hay un cruce, porque a Venado Tuerto fue mucha gente que tenía vinculación con la universidad estatal.

Al mismo tiempo, hay una industria cultural que estructura políticas y surgen nuevos valores, como el consumismo, que transforma al objeto de cultura en uno de consumo, y el exitismo, por el que se añade valor al objeto cultural de consumo.

Esto se debe a la ausencia de una política cultural que vaya a alguna parte y no que se mueva en base a tentativas espasmódicas, como sucede con el Festival de Cine, que no es más que un intento de reactivar una industria, pero sin una idea de cultura que incentive y proteja a sus clases intelectuales, sea en el plano científico o en el artístico.

Argentina tiene un potencial enorme, basta que alguien se inscriba en otra estructura cultural y lo hará con éxito. Los científicos argentinos que emigran son una clara muestra de esto; mientras los que permanecen en el país lo hacen en el silencio. En las ciencias sociales ese potencial lleva a la Argentina a una posición muy fuerte, junto a Francia y Brasil. Y hay además gran cantidad de subculturas no institucionalizadas, como las distintas regiones y los pueblos originarios.

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