La cultura es incompleta, compleja, poética

Tema de Tapa.

Por "Chiqui" González.
Secretaria de Cultura de la Ciudad de Rosario

No creo que la última política cultural sea la de al dictadura, porque en lugar de una política cultural hubo una política de control. Fue el terrorismo de Estado llevado a la cultura en base a métodos de supresión, listas negras, censura y autocontrol. En todo caso, la política cultural de la dictadura tiene metáforas claras: construir una moral única y universal.
La cultura de la dictadura es la certidumbre basada en valores patrióticos, familiares y que aprovecha cierto planteo racionalista, ciertas marcas, huellas del racionalismo, algunas operaciones de simplificación de la realidad en lugar del pensamiento complejo, un criterio de normalización propio (‘anormal-normal’) en lo político, en el sexo.
Lo que se llama política cultural en ese caso es un enfoque de terror reduccionista central y de unicato ideológico.

Los gobiernos democráticos se encuentran en primer lugar con la problemática de la multiplicidad, pero vienen formados como gobierno con conceptos de hegemonía teórica. A la política cultural menemista de los 90 es difícil nombrarla como tal, eso fue desarticulación del mundo simbólico, o sea, de la cultura. Mientras la dictadura tuvo como meta el ocultamiento, con una política que prohibía crear escenarios, el menemismo tuvo un modelo de representación y una estética, que eran la pizza y el champagne.
Recién ahora comienza a haber políticas de otro estilo, las de la época de la multiplicidad, frente a políticas públicas que asumen que hay una cultura de elite, una popular, una de masas y una de las vanguardias. Yo creo en eso, en políticas culturales hegemónicas no coherentes, complejas, vanguardistas, recreadoras de sentido y generadoras de lazos. Múltiples y cargadas de lenguajes. Son estéticas y urbanas.
Estas políticas culturales, siempre socavadas por las otras y ganadas a la pobreza simbólica, son difíciles de ver porque no tienen un diseño tan claro y porque están surgiendo en distintos lugares. Están hechas al estilo del rompecabezas, pero no haciendo un dibujo, cortándolo después y ya se sabe qué se arma. La cultura no es claridad ni coherencia ni planificación férrea. Es incompleta y vive en la penumbra, es compleja, poética.

Al modelo de la Generación del 80 le está yendo muy mal porque hoy sus objetivos no se pueden cumplir. Pero mientras no se rompa en educación no se va romper en cultura. Si no hay primero un cuestionamiento férreo de lo que transmitimos, difícilmente se pueda hacer lo otro.

El problema es cómo en la multiplicidad encontramos sogas, redes invisibles que nos contengan. En la cultura nos preguntamos quiénes somos y qué somos. La multiplicidad de lenguajes hace a la cultura: lo sonoro, la palabra, los objetos, las texturas, los olores. Hace falta esa red sostenida en multiplicidades de interpretaciones, para sentir, para no separar inteligencia y pasiones. Ni abajo ni arriba, ni adentro ni afuera: plural y complejo, porque la complejidad puede ser vista desde cualquier lado.

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