“El problema no está en los chicos sino en qué les damos nosotros”

Pablo Pino, cantante de Cielo Razzo

“Hay un montón de cosas que los pibes ya no se morfan. Hay un enfrentamiento con lo que no les gusta”. Pablo Pino es el cantante de Cielo Razzo la banda rosarina que más pega hoy en el resto del país y tiene trato directo no sólo con los chicos de nuestra ciudad sino también con los de otras grandes urbes y con los de pueblos de lo que él llama ‘el interior-interior’. Y si bien acepta que “hoy hay más maldad”, advierte que “el problema no está en los chicos sino en qué les damos nosotros”.

Relajado, tomando café en el bar de la esquina de su casa en Echesortu, cuenta que en sus charlas con los seguidores del grupo encuentra preocupaciones por lo social: “Me piden mucho que escriba sobre lo que pasa en la calle”, dice como demostrando que la realidad no les pasa desapercibida.

¿Eso te piden?, le preguntamos sin poder evitar la sorpresa, casi el prejuicio.
Claro. Los pibes piden muchísimo eso. A veces te vienen con el planteo de que la banda antes hacía más canciones sociales y que ahora estamos escribiendo mucho sobre cuestiones existenciales y los sentimientos. En ese sentido, si una banda quiere, sabe hacia dónde tiene que apuntar, para dónde tiene que ir. Por eso, creo que el que no les preocupe nada no es un problema de los pibes. Es el problema de generalizar.

¿En qué otra cosa notás un compromiso?
A veces hacen cosas que son más de otra época, como “el que no salta es militar”, cosas que ya pasaron, que a los chicos les quedaron, no sé si por una cuestión de cánticos que se usaban en el rock o porque realmente sienten que tienen ganas de protestar contra el proceso, los militares o lo que fuera. Son cosas que al menos nosotros, desde arriba del escenario no nos terminamos de dar cuenta de adónde van con esos cantos. Pero creo que al adolescente hay que dejarlo que exprese y que cante todo lo que quiera. Es el momento de búsqueda, en el que intenta identificarse con algo. Por eso piden y se identifican con nosotros o con cualquier otra banda. El rock es un lugar adonde se ven reflejados. Y después pasa el tiempo y a lo mejor ya no se ven reflejados.

¿Cómo se acercan a ustedes?
En la gran mayoría de los casos vienen por cuestiones existenciales. Se ven reflejados en algunas letras, porque ellos están deprimidos, por una cuestión amorosa o por la edad, que todos las pasamos en algún momento.

¿Ese contacto cambia según adonde toquen?
Sí, hemos tocado en La Toma, en el ex Tigre, y los chicos que fueron allí eran chicos que están más involucrados con las cuestiones sociales; o tenés el caso de los chicos de las ciudades del interior, ciudades chicas o pueblos. Y son formas distintas. En el interior es muy diferente a la ciudad. Acá estamos mucho más… no quiero decir sucios, pero es la palabra que me sale, sí. Ahí prácticamente lo único que hacen es ir, estar un rato, escuchar y se van. En cambio acá están con una postura mucho más fuerte en la vida, más crecidos. Hablo del interior-interior, lugares que no son como San Nicolás u otros cercanos a las grandes ciudades.

¿Y vos cómo lo vivís?
Un interrogante que tengo yo de hace tiempo es si lo que cuestionan es real, o es por la edad. Si es una cuestión que tiene que ser así por al edad que están pasando y es natural que todo los moleste, o si van a seguir siendo ese tipo de personas cuando sean adultos. Antes a mí me costaba un montón acercarme a hablar con un ídolo mío –Fito, por ejemplo– y decirle un montón de cosas. Ahora no tienen esa distancia con el artista y me dicen un montón de cosas.

¿Y para qué se acercan los chicos a vos?
Algunos te piden consejos, otros te cuestionan ‘por qué no hacés esto’, y otros piden simplemente cosas en las que antes no se avanzaba tanto como aspectos de la música o los temas.

¿Y cuál es el vínculo que los púber tienen con la realidad?
Los chicos siguen teniendo las mismas preocupaciones que teníamos nosotros. No creo que el pibe de ahora sea un tarado al que lo único que le importa es emborracharse o falopearse. Siguen teniendo intereses comunes y siguen pensando cuál va ser su futuro. Y es más, creo que tienen mucha más responsabilidad y están mucho más metidos en el tema de lo que estábamos nosotros. Hay que romper con esa idea de que a los pibes de ahora no les importa nada más que chupar, salir a bailar, a coger y fumarse un faso. Tienen un momento para cada cosa. También están quienes tienen compromiso social y van a los barrios a ayudar a los chicos que lo necesitan. Eso se sigue haciendo. Y después, en lo que se refiere a Buenos Aires, los chicos que uno ve en torno al rock, están muy preocupados por lo que pasó en Cromagnón.

¿Cromagnon es un tema presente?
En algunos sí y en otros no. Ha pasado que en algún show quieran prender una bengala. Lo más sensato sería ‘por una cuestión de seguridad no la prendo si hay un porcentaje de riesgo, también por una cuestión de respeto a lo que pasó’. Pero hay quien la quiere prender, el pibe que busca el riesgo extremo. Eso en los adolescentes también juega.

¿Cómo se cuidan y quién los cuida?
A veces buscan en nosotros una especie de seguridad y contención, son algunos casos y algunos momentos específicos. El rock hace que busquen en uno respuestas que nosotros no podemos dar. Simplemente escribimos, cantamos, hacemos música.

Pero hay un esfuerzo por comprender.
Sí. Nosotros mismos lo hemos hecho, pero hay respuestas que no podemos dar. Incluso cuando fuimos a La Toma o a alguna escuela a tocar. Podemos hacer eso, pero nosotros no somos los que vamos a hacer la escuela o a levantar la educación del país, sólo pequeños actos.

¿Los pibes son tan individualistas, como a veces se cree?
Yo soy de los que piensan que no todo lo viejo estaba mejor o que ahora todo está podrido. Todo lo que está pasando ahora ya pasó en algún momento. Y en cuanto a si son individualistas, no puedo generalizar. Veo muchos que lo son, y veo muchos que luchan por los demás. Creo que eso es igual que antes, con nuevas tendencias, pero es lo mismo.

¿Cuál es la relación de los pibes con el vicio?
Me parece que hay más falopa que antes y también mucha más maldad dando vuelta. La maldad llegó a un nivel mucho mayor, pero a la vez eso se contrarresta con que hay un montón de cosas que el pibe ahora ya no se morfa y antes sí. Hay un enfrentamiento con lo que no les gusta, con una temática que les molesta.

Históricamente la juventud ha rechazado la hipocresía de los adultos, ¿podríamos decir que los pibes de ahora se tragan menos sapos?
Hay muchas mentiras que ya no se creen, pero creo que eso tiene que ver con el crecimiento del país. Hay mentiras que las creyeron los abuelos, los padres, los hermanos… y ahora ellos empiezan a no ser tan crédulos. Por lo menos con nosotros, los artistas, que es desde donde yo te hablo siempre.

¿Qué cosas los sensibilizan?
Siguen siendo muy sensibles. En algún aspecto yo creía que los pibe lo único que querían era saltar, tirarse uno arriba del otro, hacer pogo. Y nosotros, que no hacemos un rock’nroll furioso, sino que tiene una poesía que va más, a lo existencial, a cuestiones sofá y de la vida cotidiana; vemos que el pibe las entiende. Ellos le dan su significado. Hay temas que en Buenos Aires lo ven como un homenaje a los pibes que murieron en Cromagnon y acá en Rosario lo ven como un recuerdo para el baterista y un amigo de la banda, que fallecieron en un accidente. Los adolescentes son muy sensibles. Y hay que saber llegarles; nosotros tuvimos la suerte de llegarles desde lo musical. Por eso cuando me dicen que no hay esperanza, pienso que sí hay. Incluso mucha más que lo que yo veía antes. Nosotros les tiramos una cosa y ellos te la devuelven bien, no te devuelven un ladrillo o una escupida.

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