Observar con otros elementos PDF Imprimir E-mail
Lunes, 03 de Mayo de 2010 13:48
El pensamiento crítico otorga a los sujetos la capacidad de poner en duda y desconfiar de postulados establecidos como verdades absolutas. Si esto suceda en el aula, se fomenta la formación de subjetividades sólidas.

En tiempos donde lo efímero y lo banal rodean las relaciones humanas, reflexionar sobre las prácticas que rodean al sujeto y lo constituyen, hace posible abstraerse mínimamente de ese vertiginoso mundo. En efecto, una de los instrumentos fundamentales para observar detenida y profundamente la realidad particular es el pensamiento crítico. Entendiendo a éste último como un proceso mediante el cual se usa el conocimiento y la inteligencia para llegar, de forma efectiva, a la posición más razonable y justificada sobre un tema, y en la cual se procura identificar y superar las numerosas barreras u obstáculos que los prejuicios o sesgos introducen.

La educación tradicional establece modos y formas para la enseñanza, delimita ejes curriculares, pero muchas veces deja de lado la formación de criticidad en los chicos y la construcción colectiva del conocimiento. Para Adriano Peirone, coordinador de la Facultad Libre de Rosario, es fundamental “orientar la construcción del conocimiento desde una multiplicidad de lecturas”. Planteado de esta forma, la relación docente-alumno ya no debiera darse desde dos lugares distintos, enfrentados o antagónicos sino más bien, se apunta a la construcción de un rol docente abierto a las experiencias y saberes de sus alumnos, portadores de un criterio particular.

El educador debe ser capaz de inculcar en sus alumnos el interés por aprehender los aspectos fundamentales que rodean su vida, no solo aquellos que les enseñan en el aula. Esa criticidad puede trabajarse de diversas formas, aunque el engranaje principal es la comunicación: “La idea es que el docente se valga de la utilización de instrumentos distintos a los tradicionales. Adoptar la forma de talleres, proyecciones o escritos que los alumnos presenten, y agilizar la relación docente-alumno, a través de un modelo basado en el diálogo”, menciona Peirone.

Una de las objeciones que usualmente se presentan a este arquetipo, es lo estricto de las exigencias pedagógicas y curriculares. A esto Peirone responde que “la currícula no es un impedimento para complementar contenidos, sino que éstos pueden abordarse con formas de trabajarlos, desde diferentes puntos e instrumentos”, como por ejemplo, a través del intercambio colectivo de opiniones. En suma, en esta dicotomía docente-alumno, no se trata de iluminar a aquellos educandos que son interpelados, sino que ellos también traen un conocimiento propio que puede ser compartido.

El pensamiento crítico está implicado en todas las esferas de la vida, y no sólo aparece ligado a cuestiones abstractas o lo inexactas: “No solamente en las ciencias sociales, sino que con la caída de los paradigmas tradicionales de la educación, es fundamental que se revea la posibilidad de traer a colación distintos puntos de vista y una criticidad necesaria para formar conocimiento en todas las áreas”.