| Nota de "Crítica" a FL |
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| Martes, 12 de Mayo de 2009 15:46 |
LLEGA A BUENOS AIRES LA FACULTAD LIBREUniversidad de puertas abiertasSe trata de una novedosa experiencia educativa: los alumnos eligen los cursos que quieren hacer y no dan exámenes finales. El placer de estudiar.
La experiencia arrancó con un grupo de obreros ferroviarios anarquistas y socialistas que llegaron a la pampa en el siglo pasado y fundaron una biblioteca popular en Venado Tuerto, sur de Santa Fe.Muchos años después, otro grupo tomó el mando de aquellos trabajadores del riel y a principios de la década del 80 le imprimió nuevos aires, mismo espíritu, idénticas ideas. Así fue como nació la Facultad Libre, un proyecto que después se trasladó a Rosario, recaló en Córdoba y Villa María, y que ahora desembarcará en Buenos Aires para echar raíces con su proyecto de educación alternativa. Será en el corazón del barrio porteño de Caballito, a partir del próximo 15 de mayo, donde el puntapié lo darán cuatro seminarios. “La Facultad Libre (FL) convocó a docentes para que piensen la universidad que siempre añoraron y que en la práctica nunca se les permitió llevar a cabo. Surge como un intento de resignificar la educación y concentrar el interés en el placer de estudiar, en el fomento del pensamiento crítico y, al mismo tiempo, en la recuperación de todos aquellos saberes plebeyos que fueron quedando afuera de la grilla curricular”, dice su director, Fernando Peirone, quien junto a Horacio González, Beatriz Sarlo, Tomás Abraham, León Rozitchner y Gustavo Varela integra el consejo académico de la universidad. Inspirado en las universidades populares y con la idea de relacionar el conocimiento con la vida real, fue el mismo Peirone quien creó la FL en 1989, cuando tenía 25 y era presidente de la Biblioteca Popular Florentino Ameghino. En 1995 tuvieron que cerrar la universidad por falta de recursos pero lograron reabrirla en Rosario en 2004. “Cuando nos legaron esa biblioteca en 1983, sólo se encargaba de prestar libros, y había perdido parte de aquella mística de cruzar el conocimiento con la vida misma. Ahí mismo fue que se nos ocurrió la Facultad Libre”, recuerda Peirone. La experiencia los llevó a que 2.000 alumnos se anotaran por año para tomar cursos con David Viñas, Beatriz Sarlo, Christian Ferrer o Luis Felipe Noé. “La idea de la FL es hablar del presente, de cosas concretas, porque la educación, en su afán de formar profesionales funcionales a las demandas del mercado, fue dejando de lado esos saberes tan importantes como el amor”, insiste Peirone. En Buenos Aires la sede será Oeste Estudio Teatral, donde los organizadores prometen que las materias se aprobarán sobre el final de la cursada con “la ingesta de un asado junto a todos los puesteros del Mercado de Primera Junta”. Luis Frontera, que dará un curso, dice que se trata de “una experiencia magnífica que permite la horizontalidad entre docentes y alumnos y ofrece varias versiones sobre un mismo tema” y por eso no se trata de una ‘uni-versidad’”. Peirone recuerda también que la FL no tiene materias correlativas ni exámenes finales. Silvia Foix tiene 38 años y trabaja como secretaria. Es una consecuente alumna de la FL aunque no terminó Ciencias Económicas. Fue entonces que se animó a su otra pasión, la filosofía, con cursos de Tomás Abraham y León Rozitchner: “La FL es diferente a lo que conocemos de universidad, implica obligaciones a corto plazo y los docentes tienen alta calidad en sus clases. Además, al hacer seminarios ‘sueltos’ te permite desandar un ovillo que quizás te haga de otros conocimientos que hasta ahora no tenías en cuenta”. OPINIÓN Un semilla de fe Christian Ferrer (Sociólogo y profesor) Había una vez, en un lugar llamado Venado Tuerto, unos muchachos que se hicieron cargo de una antigua biblioteca fundada por obreros y que en ella albergaron una experiencia de difusión del conocimiento única en el país, haciendo reverdecer la práctica autodidacta y el ideal de formación libre en el origen de todo saber que busca fluir en vez de encapsularse. En el centro de la pampa gringa, 20 años atrás, confluyeron profesores de Córdoba, Santa Fe y Buenos Aires, aunados por la llamada alegre y confiada de esos muchachos, y todos dieron lo mejor en clases, diálogos y sobremesas a alumnos que concurrían por el sólo placer de hacerlo. Quizás esa conjunción favoreció los planes de FL y quién sabe si no hubiera sido posible, en aquellos años 80, un mayor intercambio entre universidades y ambientes intelectuales de ciudades diferentes, las que nunca más tuvieron oportunidad de mancomunar esfuerzos tan libre y tan generosamente. La experiencia perduró quizá porque quienes la fundaron lo hacían más por hambre de vida que por sed de cultura. Así siempre sucedió con las ideas cuyas semillas fueron enterradas con fe y buena voluntad. |